Barroquísimo y mestizo.
¡He de construir mi castillo! Sobre lo más alto del cerro, desde donde domino mi hoyada y de frente a mi anima nevada, donde el aire raspa los pulmones al ascender arriba por 1000 zigzagueantes gradas que se hacen paso por senderos y cuestas. “Más es menos” se omite en esta ocasión, pues aquí esto es barroquísimo y mestizo como la esencia de mi ser, de mi pasado y de mi futuro. Con mis propias manos levantare sobre hiladas de tierra y paja de mi memoria, y surgirán encofrados con lo nuevo, caementum con ladrillum, se alzaran sobre el paisaje con bordados de acero y yeso que darán la bienvenida al gran sequito de pasantes e invitados. Una escalera los conducirá al gran salón, toda una catedral a devoción del preste, con una nave central y dos laterales, franqueadas con filas de columnas que giran como ruecas de hebras de colores que sostienen los pisos donde la música retumbara el vacío. Pinturas como si fueran aguayos que se tejen en toda superficie libre, en un extremo grandes muros d...